COMUNICACIÓN PACÍFICA

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comunicación pacificaLa comunicación es todo un arte que debemos poner en práctica.

El hablar nos diferencia de las demás especies. En la comunicación utilizamos la palabra. Pero no tenemos conciencia de que el arma más poderosa que tenemos, es la lengua. Una palabra mal dicha, en un momento no adecuado, puede destruir toda una vida, por el contrario una palabra correcta, puede salvar una.

Por eso debemos tener una comunicación pacífica que tienda a elevar, a sanar, a abrir oportunidades, a mejorar la vida de los demás, trayendo amor, paz y esperanza.

Cuidando muy bien lo que decimos y cómo lo decimos. Escuchando lo que decimos antes de hablar, y meditando si lo que vamos a comunicar será bueno, de lo contrario mejor omitirlo.

Comunicándonos para un mejor mañana, no para estropear el presente.

Una palabra mal dicha puede hacer mucho más daño del que nos podemos imaginar.

Las palabras habladas son la oportunidad para la comunicación, no para los conflictos. Cuando nos comunicamos, si lo hacemos mal, complicado, tenemos que comunicarnos de nuevo. No hagamos entonces el camino difícil.

Que las dificultades y los problemas, al comunicarnos no encuentren un terreno abonado para nacer y para llegar a deteriorar nuestra vida.

Después de dormir y respirar, comunicarnos con las personas que nos rodean constituye una de nuestras principales actividades.

Sin embargo, a pesar de eso, esta actividad primordial a menudo se realiza de manera deficiente e inadecuada.

La presencia de ciertas emociones, debidas a cosas que pensamos o imaginamos, llega a reducir o anular la eficacia de la comunicación.

El daño que puede llevar una comunicación impregnada de ansiedad, de hostilidad, de culpabilidad.

La comunicación es un arte dónde debemos aprender a expresar los deseos y las opiniones, a pedir y a negar, a formular o aceptar una crítica, a solucionar un conflicto, etcétera.. Su experiencia en grupos ha permitido constatar hasta qué punto es importante autoafirmarse y comunicarse correctamente. 

Las palabras están cargadas de sentido. Los silencios, las miradas y los gestos también.

Somos responsables de lo que transmitimos pero muy a menudo estamos tan involucrados en nuestra propia vida que no nos damos cuenta ni del contenido emocional ni de qué es lo que transmitimos.

Debemos asegurarnos de transmitir algo positivo, con nuestro estado de ánimo y actitud  positiva, abierta, sin preocupaciones, ni miedos.

Con una comunicación reflexionada, intencionada y consciente de nuestra parte y activa de quien nos escucha. Donde ambos incluyen y asumen sus propias necesidades, proyecciones, deseos y revisan a la luz de esta realidad lo que se quiere realmente comunicar.

Una de las particularidades más maravillosas de la raza humana, es su capacidad para comunicar, cosa que los seres humanos podemos hacer de manera muy refinada y también de manera muy violenta.

La comunicación en nuestro mundo es muy variada y la calidad se entremezcla, pueden ser muy motivadoras, emocionantes y desgraciadamente a veces incluso tristes de contemplar.

Nuestro mundo sufre ciertamente de dificultades para la comunicación.

La calidad en la comunicación, no quiere decir, como se tiene a veces tendencia a creer de manera muy simplista en nuestro tiempo, una superabundancia de información y tecnología.

Usualmente medimos la importancia de la comunicación en cuanto a la impresión que damos, por lo que culturalmente le ponemos mayor atención a nuestra forma de vestir y a nuestra apariencia física.

Dejando a fuera cuál es el impacto emocional que nosotros ejercemos sobre otros y cuál es el que los otros tienen sobre nosotros.

Si enojados transmitimos un mensaje, lo más esencial y sutil de éste no podrá percibirse en su sutileza y despertará en el receptor una reacción negativa, no frente al contenido sino a la experiencia en su conjunto.

Por causa nuestro estado emocional, en la mayor parte de los casos, no serán capaces de oírnos ni comprender el mensaje. 

Debemos ser dueños de lo que vivimos internamente y de las reacciones emocionales que tenemos, para poder transmitir y comunicar de manera positiva.

En la actualidad en general, no saben purificar la comunicación de las influencias que pueden ser nocivas como el miedo, cólera o angustia, puesto que no saben cómo canalizar o administrar el nivel interno.

El impacto que tienen las preocupaciones sobre lo familiar o el trabajo.

El dejar los problemas del trabajo en el trabajo, o no llevar los problemas de sus relaciones personales al trabajo, para muchos es muy difícil disociarse de esa manera. 

Somos responsables de lo que transmitimos pero muy a menudo estamos tan involucrados en nuestra propia vida que no nos damos cuenta ni del contenido emocional ni de qué es lo que transmitimos.

¿Lo pensaste? ¿Cómo te comunicas a qué le das importancia? 

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EL PODER DE LOS BUENOS DESEOS

BUENOS DESEOSSiempre tienen poder los buenos deseos.

Tienen el poder de los buenos pensamientos.

El poder de la energía positiva.

Donde no existen los miedos.

Donde nos conectamos con lo que queremos.

Donde deseamos para nosotros y para los demás lo mejor.

Donde existe la esperanza.

Al pensar en buenos deseos, pensamos con alegría.

Imaginamos cosas buenas.

Deseamos lo que nos gusta.

Deseamos prosperidad, abundancia, paz, amor, trabajo…

¿Pero qué hacemos para que esos deseos se transformen en realidad?

¿Son solo deseos o sueños?

¿Frases hechas para los demás y nosotros?

El día que dejemos de desear, vamos a estar en problemas, ya que forman parte de la vida misma, nos ayuda a motivarnos para alcanzar lo que queremos.

Los deseos anhelos y sueños son como la sal en los platos, aunque sea una pizca inyecta energía, amor e ilusión a pesar de los pesares….y da sabor y satisfacción de vivir, así que a potenciarlos.

La vida muchas veces nos pone trabas que pensamos no podremos superar.

Momentos en que nos sentimos limitados y hay que llenarnos de buenos deseos.

Que no solo nos ayudaran a mejorar la visión que tenemos del mundo sino en todos los aspectos que nos rodean para podernos encaminar hacia el rumbo indicado.

Sin deseos no hay estímulo por lo cual moverse, actuar y pensar.

Quizás por satisfacción plena, o para conservar ese estado de consumo mínimo el mayor tiempo posible.

El conseguir ese estado de forma indefinida, con el mínimo esfuerzo posible.

Algunos necesitan activar la motivación para permitir emplear la energía para moverse.

Cuando ese ciclo se ha realizado por muchas veces, se puede entrar en un estado de apatía.

La parte racional puede llegar a la conclusión de que el esfuerzo invertido no merece la pena.

Sobre todo si hemos fracasado muchas veces o cuando nos hemos acostumbrado a que alguien se moleste por lo que nosotros deseamos.

El deseo es la consecuencia final de la emoción inducida en origen por la variación del medio.

La cadena causa-efecto que le corresponde es la siguiente: Emoción -> Sentimiento -> Deseo.

A cada deseo le precede un sentimiento, se puede decir que al deseo sexual le precede un sentimiento de atracción.

Las normas sociales actuales hacen imposible que esta frase sea de uso cotidiano, sobre todo por el miedo al rechazo.

No obstante, el deseo, sea del tipo que sea, y su satisfacción, forman parte de la naturaleza humana.

Satisfacer los deseos de forma adecuada implica el uso de la empatía para evitar agredir, y en consecuencia, provocar respuestas violentas en personas que, adecuadamente estimuladas, accederían sin problemas.

El deseo nos saca de nosotros mismos, nos desubica, nos dispara y proyecta, hace que por momentos vivamos en la improvisación, el desorden, máximas expresiones de la libertad llevada a la excitación.

El deseo reclama a la vida, el placer, la autorrealización, la libertad.

Unos planifican su vida, mientras que otros la viven al ritmo que les marca el deseo.

El deseo de vivir y de hacerlo a su manera.

Por eso sus autobiografías son más descriptivas que explicativas.

Sus vidas no tanto se deben a los resultados u objetivos cumplidos, sino al sentido inherente al mismo proceso de vivir. Y este proceso, de uno u otro modo, lo establece siempre el deseo mismo.

Si bien el deseo rebosa incertidumbre acerca del itinerario, a muchas personas les garantiza la seguridad en cuanto a los pasos dados.

Bien entendido el deseo no es una voz oscura, confusa y estúpida, sino que – en una persona madura – es luminosa, clara e inteligente.

Las emociones están en la base de los deseos y de la inteligencia se dice que es emocional. Visto de este modo, el deseo se convierte en el portavoz de uno.

¿Lo tendrás en cuenta o ya lo sabías?