EL RENACER

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descarga (8)Comienza un nuevo año y con ello debe renacer en nosotros la fe y la esperanza que será un año mejor.

Pero para ello debemos nacer de nuevo en muchos aspectos de nuestra vida.

Deben existir cambios.

Dejar atrás rencores, pesares, miedos y ataduras.

El renacer nos da fuerza, nos da vitalidad y ganas de seguir viviendo.

Renacer con el propósito de hacer el bien, sin hacer mal a nadie y entonces seremos más humanos, más solidarios, más productivos, dejando de ser aquellos seres que caminan dando lástima, inútiles para la sociedad, inútiles para la familia, para pasar a ser seres dignos para uno mismo, para los otros, para la familia, para los amigos y para la comunidad.

Renacer para vivir una vida feliz después de aceptar que el pasado es inmodificable y de aceptar que lo único que podemos cambiar es nuestra propia actitud, y no los hechos del pasado.

Podemos dejar de vivir en el pasado y dejar renacer, esa esperanza que perdimos, entonces, vuelve a surgir una nueva esperanza.

Aquel día que perdimos nuestra paz interna, que se produjo una conmoción interna de todo nuestro ser y por el camino del Renacer es posible recomponer aquella paz perdida y finalmente podemos decir que de la misma manera que se fue, en su momento, hoy podemos generarla.

A menudo se vive, como una segunda oportunidad, el renacer. Nos da una segunda oportunidad, nuestro propio Ser que, tras sufrir un grave acontecimiento a nivel emocional, nos zarandea, nos descoloca y nos abre ésa puertecita a un terreno desconocido hasta ése momento: una profunda tristeza, una desesperación interminable, algo que nos hace sentir peor que la propia muerte.

ontrarnos con nuestro Ser, no sólo a nivel emocional, también a nivel mental, corporal y espiritual.

Las crisis y los sucesos traumáticos que vivimos puede llegar a ser los detonantes de que nos replanteemos nuestra vida, nuestro pasado en este mundo y nuestro próximo futuro en él.

Así, un acontecimiento que remueve nuestros propios cimientos puede convertirse en una fuente de sufrimiento y rabia, o bien, en un despertar, un renacer.

Son oportunidades que nos ofrece la vida para volver a enc

La batalla interna en estos periodos, y generalmente inconsciente, será entre permanecer y aferrarnos a la desdicha o conectar con la necesidad de pedir ayuda, abrirnos a otras opciones que antes ni siquiera contemplábamos.

Si nos dejamos llevar por nuestros miedos acabaremos en la desdicha, volviendo a nuestra vida anterior, inconsciente, dormida, desconectada de nuestra esencia más pura, el Ser.

Sin embargo, si nos enfrentamos a dichos miedos, reconocemos nuestras limitaciones, dejamos a un lado nuestro orgullo y asumimos lo perdidos que estamos, podemos llegar a un rincón muy profundo: el valor, la certeza, la humildad.

Con estas herramientas, podemos decidir qué hacer, decidir cómo elegimos sentir, percibir y vivir nuestro renacer, nuestra nueva vida.

No será fácil, tendremos trabas externas y, las más relevantes, trabas internas, pero ya estamos despertando, ya estamos renaciendo de nuevo, eliminando barreras internas.

Renacer para realizar un cambio permanente.

Asumiendo los cambio como retos cotidianos.

Desarrollar al máximo nuestro potencial, nuestros valores y nuestros compromisos.

La importancia del renacer es hacer de nuestra vida un proceso permanente de cuestionamiento.

Que cada día sea el primero del resto de nuestra vida.

Que cada crisis sea una oportunidad.

Que tengamos una visión clara hacia donde vamos.

A quien le falta la ilusión de renacer, se le empequeñece y empobrece la vida.

Que tengamos nosotros siempre puesta la meta en un nuevo renacer. En renacer permanentemente, dejándonos alcanzar por la corriente de vida eterna que es para nosotros la gracia de Dios.

Renacer es experimentar en vuestra vida un segundo nacimiento. Obviamente no se trata de un nacimiento físico, es decir, volver a ser niño, sino un renacimiento espiritual.

La palabra “renacer” implica muerte, pero en este caso no se trata de una muerta física, sino de morir a todo aquello que no ayuda a crecer como persona.

Algunos después de una enfermedad, casi mortal, han nacido de nuevo porque han sabido descubrir a Dios en el sufrimiento.

¿Qué experiencia tienes tú?

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