DIFERENCIAS ENTRE TE AMO Y TE QUIERO

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descarga (17)Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga otras motivaciones distintas a las mías.

Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento altruista y desinteresado. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.

Querer lleva la supuesta idea de posesión. Te quiero para algo, para que estés conmigo, para que me acompañes, para que compartas alguna actividad, etc.

Amar produce un gozo profundo. Es la alegría de dar. La única manera de darse cuenta de esto es empezar a aprender a amar.

Se puede comenzar por actos pequeños, con las personas a quienes más queremos. Luego, debe extenderse a todas las personas, en todo momento.

Es difícil encontrar que alguien me ame. Es más fácil encontrar que alguien me quiera para algo, mientras sea necesario y útil para alguien. Pero son pocas las personas que dan amor altruista y desinteresado.

Amar, es un verbo, que proviene de la palabra “amor”, que significa: acción de expresar un sentimiento intenso, que por su iniciativa busca encontrarse y unirse con otro ser, que tiene una innata atracción, inclinación y entrega de una persona hacia otra, y el objetivo es procurar la reciprocidad en el anhelo de la unión de dos seres; y ello implica comunicación, convivencia, complemento y una relación afectiva, basada en la decisión y consentimiento de sus propias voluntades. 

Querer, es también un verbo que significa que una persona pretende cumplir su deseo, es decir busca poseer o aspirar algo o a alguien, para su propia satisfacción personal, es decir, hay una inclinación, un interés, teniendo una connotación egoísta y posesiva. 

A menudo se confunden ambos términos cuando tratamos de exagerar nuestro gusto por algo. Decimos “amo los chocolates” o  “amo el vino”, cuando bastaría expresar que solo nos gusta.

La palabra querer también puede manifestar un deseo por algo, sin que lleve por medio un sentimiento amoroso, como por ejemplo, “quiero un jugo ” o “quiero ir a la fiesta”.

Si se dicen con sentimiento, querer y amar son de la misma magnitud, sin diferencias, si bien es cierto que el término querer es más general, y se usa con familiares y amigos; pero amar se deja exclusivamente para el uso de las parejas.

Querer es un sentimiento que nos impulsa a dirigir nuestro cariño y aprecio a una persona, a un objeto, a un lugar e inclusive a una situación.

Amar en cambio va mucho más allá del querer, es un acto, es Ser, es principalmente aceptación pura, libre de juicio, y cuando experimentamos amor, nos elevamos, nos conduce a un elevado estado de conciencia. 

El amor no es ciego, ciego nos hace estar enamorados porque ensoñamos en lugar de apreciar.

El enamorado, dada su obsesión, proyecta su ilusión en el otro, haciéndole coincidir artificialmente con las características de alguien que sólo existe en su mente (una construcción previa). 

Porque amar va más allá del querer, es una perspectiva en la que se reconoce al otro como un individuo valioso en toda su dimensión, incluyendo la que no somos capaces de apreciar.

Amar también es una fuerza, un campo que enlaza y crea, su accionar está más allá de la distancia y del tiempo. Cuando amamos, no importa cuán lejos esté o estemos unos de otros, el amor se manifiesta de igual forma. Tampoco requiere reciprocidad, porque cuando amamos se enciende en nosotros una llama que no es más que el amor infinito fluyendo a través de nuestro ser. Ese fluir también se manifiesta como una fuerza, como una energía autónoma, que no requiere nada a cambio.

Amar implica vernos reflejados en el otro, de verlo y reconocer sus atributos, sus cualidades, sus características como potencial de lo que somos. Amar implica la aceptación más allá del juicio que califica o condena. A través del amor, observamos y disfrutamos la plenitud de Ser y es el punto de comunión que nos conecta con todos y con todo. 

Jamás sabemos si inspiramos amor en alguna persona específica, pero si podemos saber cuándo el amor está manifestándose en nosotros, por lo que se puede decir que amar es un acto individual que ocurre en lo más profundo de nuestro ser.

Otras de las características del amor es la confianza, la Fe, la intención, la acción, el comprender y el aprendizaje.

¿Espero que me cuentes que piensas tú?

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LA FIDELIDAD

images (7)La fidelidad es una promesa de compromiso que se autocumple, creciendo en la libre obediencia a la palabra dada.

Una confianza que realmente se “quiere” compartir, y una esperanza que se «quiere» cultivar juntos, con nuestro ser amado.

El honor a la palabra dada, la fidelidad a la promesa, no se pueden comprar ni vender. No se pueden imponer con la fuerza, pero tampoco custodiar sin sacrificio.

Y Es por eso que ninguna otra escuela puede enseñar la verdad del amor, si la familia no lo hace. De aquí, entonces, la necesidad de «restituir el honor social a la fidelidad del amor». Hay que sacar de la clandestinidad el milagro cotidiano de millones de hombres y mujeres que regeneran su fundamento familiar, del que toda sociedad vive, sin ser capaces de garantizarlo de ninguna otra manera.

En el matrimonio «libertad y fidelidad no se oponen, más bien se sostienen mutuamente.

En nuestros días, el honor de la fidelidad a la promesa de la vida familiar aparece muy debilitado.

Hay un derecho mal entendido de buscar la propia satisfacción, a toda costa y en cualquiera relación, es exaltado como un principio no negociable de la libertad.

Se confían exclusivamente a la limitación de la ley los vínculos de la vida de relación y del empeño por el bien común. Sin embargo en realidad, nadie quiere ser amado solo por sus propios bienes o por obligación.

El amor, así como la amistad, deben su fuerza y su belleza a este hecho: que generan un vínculo sin quitar la libertad. Como resultado el amor es libre, la promesa de la familia es libre, y esta es la belleza. Sin libertad no hay amistad, sin libertad no hay amor, sin libertad no hay matrimonio.

La fidelidad es la virtud para dar cumplimiento a una promesa. Cuando un hombre se casa con una mujer, le promete fidelidad (y viceversa). Se trata de un acuerdo que implica una serie de responsabilidades y que no debería ser violado por ninguna de las partes. La fidelidad es un valor moral.

La persona fiel es aquella que cumple con sus promesas y mantiene su lealtad aún con el paso del tiempo y las distintas circunstancias. La fidelidad supone seguir un proyecto de vida que fue establecido a partir del acto de la promesa.

Al trascender la relación de pareja, la fidelidad es una virtud que nace a partir del respeto por la confianza que una persona deposita en otra. No sólo se debe ser fiel en el amor, sino también en la amistad y el deber, por ejemplo.

Vivir la fidelidad se traduce en la alegría de compartir con alguien la propia vida, procurando la felicidad y la mejora personal del otro.

En otros términos, dejar a un/a amigo/a por íntimo por otro/a nuevo del que se espera obtener más –en términos afectivos, intelectuales, económicos, etc.- sería incurrir en una deslealtad, o lo que es lo mismo, serle infiel.

Un ejemplo más claro de infidelidad se plantea en una situación de conflicto de intereses entre los propios y los de amigo, pero sin que se prevea que tal conflicto acabe con la relación. Si en tal conflicto se opta por satisfacer un interés propio puntual en perjuicio de un interés mayor del amigo a pesar de que quizá a largo plazo el balance de lo que se da y obtiene del amigo fuera positivo, diría yo que se ha incurrido en una infidelidad. 

Las relaciones de amistad imponen la necesidad de incurrir en sacrificios puntuales, y aquél que declina asumir ese coste estaría rompiendo su debida lealtad y fidelidad.

Se es fiel a un amigo, a la esposa o esposo, a la empresa donde uno trabaja, a la patria, a la humanidad.

La fidelidad acompaña a muchos valores que definen al hombre en su núcleo central, para el bien o para el mal.

Porque también hay personas que son “fieles” a su jefe criminal, al chantajista que pide negocios deshonestos, a la cita puntual para vender droga o para gastar el dinero de la familia en unas cuantas cervezas de más. 

En estos casos la “fidelidad” queda deformada, dramáticamente, hacia vicios y males que son capaces de dañar a los demás y de destruirnos, poco a poco, a nosotros mismos.

Así que existen dos fidelidades.

¿Tú eres fiel?

EL RENACER

descarga (8)Comienza un nuevo año y con ello debe renacer en nosotros la fe y la esperanza que será un año mejor.

Pero para ello debemos nacer de nuevo en muchos aspectos de nuestra vida.

Deben existir cambios.

Dejar atrás rencores, pesares, miedos y ataduras.

El renacer nos da fuerza, nos da vitalidad y ganas de seguir viviendo.

Renacer con el propósito de hacer el bien, sin hacer mal a nadie y entonces seremos más humanos, más solidarios, más productivos, dejando de ser aquellos seres que caminan dando lástima, inútiles para la sociedad, inútiles para la familia, para pasar a ser seres dignos para uno mismo, para los otros, para la familia, para los amigos y para la comunidad.

Renacer para vivir una vida feliz después de aceptar que el pasado es inmodificable y de aceptar que lo único que podemos cambiar es nuestra propia actitud, y no los hechos del pasado.

Podemos dejar de vivir en el pasado y dejar renacer, esa esperanza que perdimos, entonces, vuelve a surgir una nueva esperanza.

Aquel día que perdimos nuestra paz interna, que se produjo una conmoción interna de todo nuestro ser y por el camino del Renacer es posible recomponer aquella paz perdida y finalmente podemos decir que de la misma manera que se fue, en su momento, hoy podemos generarla.

A menudo se vive, como una segunda oportunidad, el renacer. Nos da una segunda oportunidad, nuestro propio Ser que, tras sufrir un grave acontecimiento a nivel emocional, nos zarandea, nos descoloca y nos abre ésa puertecita a un terreno desconocido hasta ése momento: una profunda tristeza, una desesperación interminable, algo que nos hace sentir peor que la propia muerte.

ontrarnos con nuestro Ser, no sólo a nivel emocional, también a nivel mental, corporal y espiritual.

Las crisis y los sucesos traumáticos que vivimos puede llegar a ser los detonantes de que nos replanteemos nuestra vida, nuestro pasado en este mundo y nuestro próximo futuro en él.

Así, un acontecimiento que remueve nuestros propios cimientos puede convertirse en una fuente de sufrimiento y rabia, o bien, en un despertar, un renacer.

Son oportunidades que nos ofrece la vida para volver a enc

La batalla interna en estos periodos, y generalmente inconsciente, será entre permanecer y aferrarnos a la desdicha o conectar con la necesidad de pedir ayuda, abrirnos a otras opciones que antes ni siquiera contemplábamos.

Si nos dejamos llevar por nuestros miedos acabaremos en la desdicha, volviendo a nuestra vida anterior, inconsciente, dormida, desconectada de nuestra esencia más pura, el Ser.

Sin embargo, si nos enfrentamos a dichos miedos, reconocemos nuestras limitaciones, dejamos a un lado nuestro orgullo y asumimos lo perdidos que estamos, podemos llegar a un rincón muy profundo: el valor, la certeza, la humildad.

Con estas herramientas, podemos decidir qué hacer, decidir cómo elegimos sentir, percibir y vivir nuestro renacer, nuestra nueva vida.

No será fácil, tendremos trabas externas y, las más relevantes, trabas internas, pero ya estamos despertando, ya estamos renaciendo de nuevo, eliminando barreras internas.

Renacer para realizar un cambio permanente.

Asumiendo los cambio como retos cotidianos.

Desarrollar al máximo nuestro potencial, nuestros valores y nuestros compromisos.

La importancia del renacer es hacer de nuestra vida un proceso permanente de cuestionamiento.

Que cada día sea el primero del resto de nuestra vida.

Que cada crisis sea una oportunidad.

Que tengamos una visión clara hacia donde vamos.

A quien le falta la ilusión de renacer, se le empequeñece y empobrece la vida.

Que tengamos nosotros siempre puesta la meta en un nuevo renacer. En renacer permanentemente, dejándonos alcanzar por la corriente de vida eterna que es para nosotros la gracia de Dios.

Renacer es experimentar en vuestra vida un segundo nacimiento. Obviamente no se trata de un nacimiento físico, es decir, volver a ser niño, sino un renacimiento espiritual.

La palabra “renacer” implica muerte, pero en este caso no se trata de una muerta física, sino de morir a todo aquello que no ayuda a crecer como persona.

Algunos después de una enfermedad, casi mortal, han nacido de nuevo porque han sabido descubrir a Dios en el sufrimiento.

¿Qué experiencia tienes tú?