BALANCE Y BRINDIS ENERGÉTICO

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Ya a pocos días de terminar un año más, me gustaría compartir mi balance personal.

El balance personal me ayuda para evaluar todo lo vivido.

Pero siempre para ver todo aquello por lo que quiero agradecer y todo aquello que puedo mejorar.

Trataré de ser objetiva y que me ayude para que me vaya mucho mejor el año que viene.

Y que no me deje un cierto sabor amargo, de lo que pudo ser y no fue, de tantas limitaciones, de los errores y fracasos.

Serán útiles en la medida en que me ayuden a tomar conciencia de los errores (y descubrir, si hubo mediocridad, o que junto a un cierto éxito exterior llegue a una situación de empobrecimiento interior, o que me estaba centrado en uno mismo, etc.).

Sacaremos provecho, y mucho, en la medida en que ese balance se aborde con ilusión y esperanza de cambiar, sin ignorar las conquistas y aciertos pasados, y sin hacer tabla rasa de todos esos empeños que valieron verdaderamente la pena y que también se destacan en nuestra vida.

Es cierto que los viejos hábitos ejercen sobre nosotros una inercia muy fuerte, y que romper con modos de ser o de hacer muy arraigados puede resultarnos verdaderamente costoso.

A veces, no nos bastará con sólo una firme resolución y nuestra propia fuerza de voluntad, sino que necesitaremos de la ayuda de otros.

Para superar hábitos negativos, como por ejemplo los relacionados con la pereza, el egoísmo, la insinceridad, la susceptibilidad, el pesimismo, etc., puede resultar decisiva la ayuda de personas que nos aprecian.

Si se logra crear un ambiente en el que resulte fácil comprender al otro y al tiempo decirle lo que debe mejorar, todos se sentirán a un tiempo comprendidos y ayudados, y eso es siempre muy eficaz.

 

Cada vez se hace más difícil balancear todos los aspectos de nuestras vidas: podemos ser muy exitosos en nuestras carreras, sacrificando nuestras relaciones íntimas y familiares, nuestra salud, nuestra conexión espiritual.

A veces nos enfocamos tanto en nuestro despertar y crecimiento espiritual que descuidamos nuestras actividades productivas; el incrementado estrés del día a día repercute en nuestra salud física, mental y emocional.

Lograr un equilibrio en nuestro estilo de vida es parte necesaria para obtener una calidad de vida satisfactoria, pero es una destreza que requiere ser aprendida y practicada.

Para simplificar y comunicar efectivamente una filosofía de equilibrio personal de vida, podemos crear una tríada de las 3 áreas de la vida: Ser-Hacer-Tener. A su vez, cada una de estas áreas contiene su propia tríada. El objetivo es equilibrar estas 9 áreas para mejorar nuestra calidad de vida: 

SER: Cuerpo, Mente y Alma

HACER: Empresa, Educación y Entretenimiento

TENER: Material, Social y Espiritual

Lo bueno y lo malo también conviven en balance. Las cosas malas nos traen equilibrio ya que aprendemos de ellas, incluso más que de las cosas buenas. La pobreza nos enseña mucho sobre la riqueza y la enfermedad nos ayuda a valorar la salud. Incluso lo que parece malo es bueno.  

La disciplina es uno de los factores clave para lograr una vida más satisfactoria, y no sólo aplica a nuestro trabajo; siendo organizados y aprovechando el tiempo al máximo para realizar nuestras tareas diarias.

La disciplina también es clave para mantener un estilo de vida saludable que incluya una rutina de ejercicio al menos 3 veces por semana y una buena alimentación. El ejercicio reduce los niveles de estrés, te da más seguridad y eleva tu energía.

Alimentos sanos como frutas y vegetales son más económicos que mucha de la chatarra que consumimos en el trabajo y realmente nos nutren, ¡cambiar de hábitos es posible y te aporta grandes beneficios!

¿Cuál es tu balance para este año?

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NUESTRA HIPOCRESIA

images (34)Es la actitud persistente o eventual de fingir creencias, opiniones, virtudes, sentimientos, cualidades, o pautas que no se tienen o no se siguen.

Fingir cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tiene o experimenta. Un tipo de mentira o pantalla de reputación.

Puede venir del deseo de esconder de los demás motivos reales, o sentimientos. No es simplemente la inconsistencia entre aquello que se defiende y aquello que se hace.

Es aquella que pretende que se vea la grandeza y bondad que construye con apariencias sobre si misma, propagándose como ejemplo y pretendiendo o pidiendo que se actúe de la misma forma, además de que se glorifique su accionar, aunque sus fines y logros están alejados a la realidad.

La hipocresía abunda en todas partes y se ve en la política, la religión y los negocios.

Es interesante que la palabra hipócrita venga de una raíz griega que se refiere a los actores de teatro que usaban una máscara. Con el tiempo, llegó a referirse a toda persona que finge ser algo que no es para engañar a los demás o para alcanzar objetivos egoístas.

Quienes sufren por culpa de la hipocresía de otros sienten rabia, amargura y resentimiento. Quizás digan en su desesperación: “¡Cuánta hipocresía! ¿Acabará algún día?”.

La hipocresía es ese modo de vivir, de obrar, de hablar, que no es claro. Quizás sonríe, tal vez está serio… No es luz, no es tiniebla… Se mueve de una manera que parece no amenazar a nadie, como la serpiente, pero tiene el atractivo del claroscuro.

Tiene esa fascinación de no mostrar las cosas claras, de no decir las cosas claramente; la fascinación de la mentira, de las apariencias…

Llenos de sí mismos, de vanidad, que les agrada pasear haciendo ver que son importantes, cultos….

No se debe confundir la hipocresía con el cumplimiento del deber cuando no se tiene ganas. 

Hipocresía es fingir. Muy distinto es luchar contra la tendencia de la carne motivado por un sincero esfuerzo por hacer el bien. Todo ser humano tiene una lucha interior. 

Se trata simplemente de un aprendizaje social que puede hacerse algunas veces con dolor, y otras sin él. Pero que se incorpora a las pautas sociales de aprendizaje desde pequeño para el individuo y desde antaño para el colectivo.

Tal aprendizaje permite ganar espacios y recompensas -materiales y simbólicas- que gratifican al narcisismo frente a la escala de valores expuestos en vidriera por la cultura contemporánea. El acceso a estos valores por parte del Yo sería imposible, o muy dificultoso de alcanzar, si no se recurre a estrategias hipócritas que son las que facilitan la accesibilidad a la parafernalia de valores contradictorios que conviven de manera promiscua en la misma estantería.

No se nace hipócrita, se hace; a partir del sistema de recompensas y castigos que usa la enseñanza -bajo el pretexto de la gratificación- para aprender conductas socialmente aceptadas. Desde ese momento crucial de la vida -hasta la muerte- es un muestrario de aprendizajes de conductas hipócritas que permiten vivir “mejor” con los otros, en cuanto se posibilita el acceso a bienes simbólicos o materiales preciados, apetecidos, deseados, envidiados y, lo que es mejor, sin mucho esfuerzo aparente. Sería un logro sin esfuerzos, ya que mantener una vida íntegra de conductas y discursos hipócritas requiere una cantidad enorme de esfuerzo psicológico -intelectual y afectivo-. El esfuerzo de ser hipócritas desgasta las reservas de salud mental y física, así como de salud social, con lo cual esta forma de vivir arrastra tanto a la enfermedad y la degradación personal como a la disgregación y alienación en lo social.

Obvio que los mecanismos descriptos, no funcionan de igual modo para todos, por lo cual se advierte de la falta de generalidad que se pueda pretender atribuirle a dicho ejercicio.

Hay quiénes responden de modo acabado y casi perfecto al modelo descripto; pero también hay de los otros, los que niegan sus contradicciones con el afán de preservar no sólo su salud mental, sino también de proteger los privilegios y las posiciones adquiridas, llegando al colmo de ser hipócritas frente al espejo, en cuanto llegan a engañarse respecto a la imagen devuelta.

¿Qué me cuentas tú?

EL AMOR COMO RELACIÓN DE PAREJA

descarga (18)El amor es la base de toda pareja y si no hay un amor verdadero, tarde o temprano, la pareja tendrá problemas y fracasará.

El amor en la relación de parejas tiene que alimentarse, cada uno de los integrantes tiene que nutrirlo y poco a poco, madurar como pareja.

Tener  una buena comunicación entre los dos, respeto por el otro, aceptación de las diferencias, la proyección a futuro y la conservación de espacios propios.

La alegría de estar con el otro y  de compartir la vida juntos.

El amor tiene tres cualidades principales:

Atracción: es la parte “química” del amor. Ese interés o deseo físico — incluso sexual — que se experimenta por otra persona. La atracción es la responsable de las ganas que tenemos de besar y abrazar a nuestra pareja. La atracción es lo que subyace a esa mezcla de nerviosismo y excitación que experimentamos cuando se cerca.

Intimidad: el vínculo que desarrollamos cuando compartimos con una persona pensamientos y sentimientos que no compartimos con nadie más. Cuando experimentas esa sensación de intimidad con tu pareja, te sientes apoyado, cuidado, considerado y aceptado tal como eres. La confianza es un componente esencial de la intimidad.

Compromiso: Es la promesa o decisión de seguir al lado de esa persona a pesar de los altibajos que pueda haber en la relación.

La relación se va convirtiendo gradualmente en un lugar para la comunicación, la confianza y el apoyo mutuo, donde cada miembro de la pareja sabe que el otro estará allí en los malos momentos. Ambos se sienten aceptados y valorados por lo que son.

No se nos ha educado apropiadamente para poder establecer de una forma consistente el amor de pareja y poder vivir una relación sana y satisfactoria con otra persona. 

Nuestra cabeza está repleta de conceptos equivocados y fantasías románticas acerca de lo que es el amor.

Lo que acaba llevando a muchos a una penosa situación de rutina y aburrimiento en la que lo único que consiguen es frustración y verse viviendo con una persona que en realidad no les despierta ya ningún deseo.

La pareja, pudiendo ser una de las relaciones más alegres y satisfactorias de todas, acaba por convertirse en una especie de cárcel de co-dependencia en la que no hallan mas que rutina, frustraciones, y manipulaciones mutuas, que en el peor de los casos pueden llegar a convertirse en un tormento de discusiones y desavenencias muy desagradables para ambos.

En la relación de pareja salen a la luz todos nuestros miedos e inseguridades, nuestras carencias, dependencias y manipulaciones de la otra persona, nuestro egoísmo y nuestro infantilismo.

Es por esto que, sin una adecuada educación y autoanálisis en este sentido, se hace muy difícil que una persona pueda llegar a tener una relación de pareja satisfactoria.

Sobrados son los casos de famosos que aparentando tener relaciones de pareja modélicas y envidiables, acaban por romperse e ir saltando de una pareja en otra buscando el amor infructuosamente, haciéndose evidente que no es ni la belleza física, la fama, la importancia social o el dinero lo que hace que podamos tener una relación de pareja auténtica y feliz.

Las relaciones de pareja se deberían basar en el amor. Sin embargo, cuando un miembro de la pareja siente necesidad exagerada de recibir amor del otro, o su vida gira por completo en torno a esa persona, se podría afirmar que la relación es más bien de dependencia.

En una relación basada en el amor, “dos personas están juntas por el placer de compartir con el otro aquello que cada uno es y que le hace sentir bien consigo mismo, no para que el otro le proporcione lo que uno siente -de manera consciente o inconsciente- que le falta en su vida”.

Así, la persona que vive una relación con amor -situación distinta del enamoramiento- se siente completa, libre y puede recibir y dar bienestar a su pareja en una relación de intercambio entre iguales.

La dependencia surge del miedo a no valer suficiente, no poder vivir solo, estar incompleto, morir si el otro se va… Este apego patológico crea relaciones desequilibradas, conflictivas o superficiales en las que no es posible desarrollar el potencial personal creativo.

¿Qué piensas tú?

EXPERIENCIAS CONCRETAS

images (28)Que importante es compartir experiencias concretas.

Esas experiencias que nos cuentan el camino ya vivido.

Mucho tiempo se vivió con viejos paradigmas en donde el que sabia algo lo guardaba secretamente y a veces se lo llevaba a la tumba.

Así lo vimos desde viejos escritos que encontraban de la antigüedad.

Hasta recetas familiares que recuerdan a un ser que cocinaba algo que solo él o ella sabía como se hacía.

Experiencias guardadas por miedo a perder.

Pero en este momento debemos pensar que experiencia vamos a regalar a los demás.

Esa experiencia que puede ayudar al otro a recorrer el camino más fácil.

En mi vida siempre estuve muy atenta a la experiencia de los demás.

Esa experiencia que me ayuda a seguir adelante.

Me encontré con muchas personas que no les gusta aprender de las experiencias ajenas.

Esas mismas personas que hacen lo mismo que otros que ya se equivocaron.

Se golpean por la vida por no aceptar la ayuda del otro o estar atento a lo que le dicen.

A veces no se trata de años sino de calidad de años, de calidad de aprendizaje.

Yo aprendí mucho más en mis últimos 9 años que en los 40 años anteriores.

La experiencia que les quiero compartir es que si quieren vivir felices sepan descubrir que es lo que opaca su vida.

Que se liberen de todo aquello que vienen cargando del pasado.

Cargas que a veces si las volvemos a ver nos damos cuenta que la veíamos con los mismos ojos de niños.

Que cuando vivimos con pensamientos positivos la vida es más fácil.

Cuando hacemos a los demás lo que nos gustaría que nos hagan a nosotros todo es mejor.

Pero sin pretender que los demás lo hagan por nosotros sino por solo placer.

Tener claro que es lo que quiero.

 Saber dónde estoy y a dónde quiero llegar.

 Qué la abundancia existe y todos podemos vivir con ella.

 Qué todo lo que nos pasa es para aprender de ello.

Que cuando tenemos algo y no lo damos bloqueamos a nuestro ser para poder recibir.

 Que todos los días debemos agradecer por todo lo que tenemos.

 Que siempre existirá alguien que tenga menos que nosotros y más también.

“Nuestras experiencias son una parte mayor de nosotros mismos que nuestros bienes materiales”, dice Gilovich.

Las cosas materiales pueden gustarnos realmente. Pueden pensar que parte de su identidad está conectada a esas cosas, pero de todos modos se mantienen separadas de ustedes.

En contraste, las experiencias son realmente parte de nosotros. Somos la suma de nuestras experiencias.

Un estudio realizado por Gilovich incluso mostró que si la gente tuvo una experiencia que afectó negativamente su felicidad, una vez que tienen la posibilidad de hablar de ella, su evaluación de esa experiencia mejora.

Algo que pudo haber generado tensión o miedo en el pasado puede convertirse en una historia graciosa para contar en una fiesta o que puede verse retrospectivamente como una experiencia que le modeló el carácter.

Vivamos nuevas experiencias, aprendamos de ellas.

 Aprendamos de la experiencia de los demás para acortar caminos o para tomar el camino correcto.

 Que siempre existan nuevas experiencias en nuestra vida.

Hagamos lo que nos gusta y nos hace sentir bien ese es el mayor secreto para tener nuestra vida llena de amor, salud y abundancia.

¿Cuál es tu experiencia?